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Costumbres y Tradiciones

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En una minga realizada por la pre-cooperativa en el sector de la quebrada de Troya, alcanzaron a ver los comuneros en el copo de un árbol que volaban

algunos mosquitos alrededor de una colmena, mientras realizaba la minga don Vicente Carrión procedió a cortar el árbol él solo, una vez que cayó el mismo sus compañeros corrieron ayudarle a coger la miel, pero increpándoles sobre su trabajo lo dejaron solo con su colmena, las abejas irritadas sobre la destrucción de su colmena procedieron a picarlo, dejándole sus aguijones en el lugar donde más podían al pobre hombre, que daba gritos y desgarradores por el dolor que el producían, cuando Don Vicente se reunió con sus compañeros con los ojos tapados por la hinchazón sus compañeros se le rieron, diciéndole que solo a él le correspondía que las abejas le piquen, el tono gracioso nos dice; eso me paso por ansioso.

El ruido del tigre

Sucedió en una de las tantas mingas que la pre cooperativa realizaba en las montañas de la finca de un socio, esta vez los convocados escucharon el ruido de un animal pensando automáticamente que ha de ser el tigre que los andaba merodeando, todos cargaron sus armas dispuestos a matar al tigre, pero esa vez no fue el tigre sino el miedo que se apodero de ellos al escuchar el más leve ruido que la maleza producía imaginado de esta manera lo peor.

 

 

La Manchananga

 

La típica sal criolla nos lleva a superar peligros inexistentes, haciéndonos reaccionar con sigilo y temor ante cualquier ruido y temor ante cualquier ruido que significa peligro de nuestra integridad, esto fue precisamente lo que le sucedió a los expedicionarios que le hicieron su campamento bajo la palma de la planta de la MANCHANANGA, quienes supusieron que los ruidos de las ramas secas que resquebrajaron eran debido a las pisadas del león y no por el viento que las hacia caer de los árboles.

 

El grito del diablo

 

Cuando dormíamos en nuestro campamento, en la MANCHANANGA, en las noches se dejaban oír gritos desgarradores parecidos a los gritos del diablo que nosotros imaginamos a este con su cuartel de fantasmas. Las noches eran obscuras y la montaña era espesa pero gritos funestos que escuchábamos, provenían de aves, de animales y del viento que nos ponían los pelos de punta, entre los animales aulladores se encontraban el chivo, cotos, angarimas, el gallito y el pájaro juan patazo que tienen su canto parecido al ruido de un oso.

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